Acolitos Nuestra Seņora de Guadalupe
  Maria y el monaguillo.
 

¿Quién es María?

 

 

María es madre de Cristo y madre de la Iglesia. Ahora en Navidad acabamos de revivir, el momento en el que da a luz al Hijo de Dios. Con su “SÍ”, María se convierte en el instrumento de Dios para su plan de salvación de todos los hombres. Pero no queda todo ahí. En el momento antes de morir, Cristo mismo, al decirle a Juan: “Ahí tienes a tu Madre”, nos la entrega para que María continúe siendo nuestra Madre siempre.

Por eso, Ella ha sido escogida por Dios para guiarnos en nuestro camino al cielo. En esta sección, iremos conociéndola y queriéndola cada vez más. Daremos pautas para empezar desde ahora, una amistad con María que nos haga ser mejores y nos ayude en nuestra misión de evangelizadores.

Se lo diré a tu madre

Un niño a consecuencia de un virus desconocido, se había quedado paralítico.
Sus padres lo llevaron a todos los especialistas que pudieron, sin lograr que el niño volviese andar.
Era, sin embargo, una familia de sólidas raíces cristianas y por ello nunca perdieron la esperanza de encontrar una solución, al tiempo que ofrecían con ejemplar entereza ese sufrimiento a Dios Nuestro Señor.
Se presentó la oportunidad de ir en peregrinación a Lourdes, en el así llamado “Tren de la Esperanza”.
Los padres esperaron el viaje y también se encargaron de animar al chico, diciéndole que la Virgen María era capaz de curarle; que tuviera fe, que Ella se encargaría. Llegaron, estuvieron en la gruta, después se baño en las piscinas de los enfermos sin que se notara mejoría alguna.
Los padres le insistían al chico en que no se desanimara y le dijeron que, cuando el sacerdote pasara con la Eucaristía en la custodia dando la bendición a los enfermos, le pidiera a Jesucristo el milagro.
Llego el momento en que el sacerdote pasó frente a él, y el niño, al ver que no se curaba, le dijo a Jesús:
“No me has curado, se lo diré a tu madre”.
El sacerdote que lo oyó, dio media vuelta y volvió a bendecir al niño, que en ese instante quedó curado y dejando la silla de ruedas empezó a caminar de nuevo.
Así es la Santísima Virgen. Ella tiene un poder especial de intercesión ante Dios.
Como madre nunca permite que el enemigo de nuestras almas se salga con la suya si nosotros sabemos acudir a ella con sencillez y confianza.
A ella le invocamos como “puerta del cielo”, pues por más obstáculos y estorbos que tengamos para acceder a él, ella estará siempre alerta para abrir si es necesario un agujero por el cual podamos entrar.

 
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